Divina desesperación

Para escribir una carta de amor no hay que ser una persona ñoña, cualquiera puede redactar una buena carta si abre su corazón y expresa lo que siente, únicamente lo que siente.
Todos conocemos los cuentos de terror de Edgar Allan Poe, escritos en el siglo XIX, durante el movimiento romántico, en el cual una de sus características es lo tenebroso; el miedo y la muerte es algo inevitable para el ser humano.

En verdad, el amor y el miedo van de la mano, en una relación; miedo por perder a la persona querida, miedo por si un día tu pareja al levantarse se da cuenta que ya no te quiere. Aquí puedes leer una carta de amor para ella, su amada Hellen.

He apretado tu carta una y otra vez contra mis labios, dulcísima Hellen, bañada en lágrimas de alegría o de una “divina desesperación”. Pero yo, en la que tardíamente en tu presencia, alardeaba sobre “el poder de la palabra”¿De qué me sirve ahora? 
Yo puedo creer en la eficacia de las plegarias al Dios de los Cielos, yo puedo efectivamente arrodillarme humildemente, arrodillarme en ésta la más formal de la época de mi vida, suplicando de rodillas por palabras. Todos los pensamientos, todas las pasiones, parecen ahora mezcladas en este último deseo que me consume…

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