El reencuentro

Amor, estoy en el tren. Apenas queda un cuarto de hora para vernos; ha sido un gran madrugón, si, pero merece la pena, sé que merece la pena.
Está despejado, ni una nube impide a los ángeles ver nuestro reencuentro y ver nuestro beso que no tendrá fin, un abrazo que nos hará ser una sola persona, una mirada que elevará la sangre a mis pómulos.
Hay sol, pero la temperatura es baja, muy baja, hace mucho frío, pero sé que en cuanto me tomes la mano el frío se irá, desaparecerá, viviremos unos días cálidos juntos. Desde la ventana veo que quedan restos de la nevada de ayer, pero nosotros los fundiremos con nuestro calor, con los rayos que saldrán de nuestros ojos de enamorados, de nuestras manos al acariciarnos, de nuestros labios al pronunciar “te quiero”.
Sé que vas a estar en el andén esperándome, con una gran sonrisa, y sé que estarás tan nervioso como yo. Tengo que confesarte que cada vez que se acerca más el tren, a su gran velocidad, cada vez que veo que los minutos pasan, en mi se alborotan una mariposas, como si fuese el primer día. Siento que llevo una eternidad sin verte, y solo ha pasado una semana.
Ya estoy llegando, apenas cinco minutos, ¡qué nervios, qué ganas!
Hasta ahora, amor. 
La princesa de la jungla de asfalto

Esta es una carta de amor para él: el príncipe de las tierras frías de calor

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